EL BANCO

Era el banco más solicitado del parque de los naranjos . Porque tenía una disposición especial, orientado hacia el sur te permitía ver una panorámica de la ciudad, la colina en la que estaba ubicado hacía que estuviera aislado del resto y transmitía una tranquilidad particular a aquellos que consiguieran sentarse en él. Los paisanos de la zona tenían un horario establecido para ocupar el banco, de forma que todos pudieran disfrutarlo.

Aquel día,en la hora de después de comer, era el turno de Juan, que como cada tarde, al salir de trabajar, se sentaba allí a leer el periódico y a descansar de la dura jornada. Había leído tan sólo la primera página cuando apareció un señor grande con pinta de extranjero, se sentó al lado de Juan, en su turno, en su banco. El señor era tan gordo que invadía su espacio, a pesar de que en el banco cabían dos personas sin molestarse. Juan, por no decir nada, intentó seguir leyendo la prensa, sintiendo como el cuerpo del acompañante inesperado se hinchaba y desinflaba con cada respiración, Juan estaba ligeramente nervioso, el señor gordo había alterado el mejor momento del día. Siguió leyendo, escuchando los ruidos guturales que hacía el señor al masticar con la boca abierta, el perrito con cebolla,queso y mucha salsa, que se estaba comiendo. De repente, un proyectil cayó en medio del periódico de Juan. Del impacto, a Juan se le escapó de las manos, para acabar apoyado en sus rodillas, arrugado y manchado de ketchup. En la sección de política reposaba una salchicha grasienta. La salchicha había salido disparada del perrito, cuando el señor, al querer darle un bocado, lo apretó con las rechonchas manos. La trayectoria de la salchicha, en forma de globo, la había llevado directamente al periódico. Juan miró a su colindante compañero, queriendo decirle cortésmente que por favor se fuera de su banco, pero no pudo evitar sonreír por dentro al ver la cara del señor, con los ojillos muy abiertos y la boca en forma de o, el señor sin decir nada, se levantó, se ausentó cuatro minutos exactamente, y regresó con dos perritos esta vez,  y un nuevo periódico. Por supuesto, el periódico era para Juan, también uno de los perritos. Juan, que todavía no había comido aquel día, se sintió agradecido por el obsequio, y sorprendido,  disfrutó comiendo con aquel señor con el que no hacía falta decir nada, se alegró de compartir el banco con él. Ya leería el periódico en otro momento


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